CRONICAS VAMPIRICAS 01 - DESPERTAR PDF

Akinoktilar The Awakening Aun no he leido el libro pero lo voi a leer vamplricas espero que este bien. Okay, this was MY Twilight before there was Twilgiht. They are not the most mature books, but they are all about nostalgia for me. Since when had she been scared of anything? That was the short version. They all looked, at least.

Author:Shazil Mall
Country:Greece
Language:English (Spanish)
Genre:Personal Growth
Published (Last):10 February 2007
Pages:387
PDF File Size:6.78 Mb
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ISBN:442-6-43780-943-5
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No spor quescrib eso. Es delocos. No hay ningn motivo para quemesienta inquieta y todos para quesea feliz, pero Pero aqu estoy a las 5.

No hago ms quedecirme quesimplementesucedequeestoy hecha un lo debido a la diferencia horaria entreFrancia y aqu. Pero eso no explica por qumesiento tan asustada. Tan perdida. Anteayer, mientras ta Judith, Margaret y yo volvamos del aeropuerto en coche, tuveuna sensacin muy extraa. Cuando giramos en nuestra calle, pens derepente: Mam y pap nos estn esperando en casa. Apuesto a queestarn en el porchedelantero o en la sala deestar mirando por la ventana. Deben dehabermeechado mucho demenos.

Pero incluso cuando vi la casa y el porchedelantero vaco segu sintiendo lo mismo. Sub corriendo los escalones y llam con la aldaba. Y cuando ta Judith abri con la llave me precipitadentro y simplementemequeden el vestbulo escuchando, esperado or a mam bajar por la escalera o a pap llamando desdeel estudio. Justo entonces, ta Judith solt ruidosamenteuna maleta en el suelo detrs dem, lanz un enorme suspiro y dijo: Estamos en casa. Margaret ri. Y me invadi la sensacin ms horriblequehetenido jams.

Nunca mehesentido tan total y completamenteperdida. Estoy en casa. Por qusuena eso como una mentira? Siemprehevivido en esta casa, siempre.

Esta es mi misma vieja habitacin, con la levemarca dequemadura en las tablas del suelo dondeCaroliney yo intentamos esconder cigarrillos en quinto grado y estuvimos a punto deasfixiarnos. Puedo L L. Pero en estos momentos todo mepareceextrao, como si yo no perteneciera aqu.

Soy yo la queest fuera delugar. Y lo peor es quesiento que hay algn lugar al quepertenezco, slo que no logro encontrarlo. Ayer estaba demasiado cansada para ir a Orientacin. Meredith recogi mi programa por m, pero yo no tuveganas dehablar con ella por telfono. Ta Judith dijo a todos los que llamaban que tena jet lag y dorma, pero me observ durante la cena con una curiosa expresin en el rostro.

Tengo quever a la pandilla hoy, no obstante. Sesuponequedebemos encontrarnos en el aparcamiento antes del instituto. Estoy asustada por eso? Les tengo miedo? El ena Gi lbert dej de escri bir. Contempl fi jamente la lti ma l nea que haba escri to y l uego mene l a cabeza, con l a pl uma cerni ndose sobre el pequeo l ibro con tapa de terciopelo azul.

Luego, con un gesto repenti no, alz la cabeza, y arroj pl uma y l i bro a la gran ventana mi rador, donde rebotaron i nofensivamente y aterri zaron sobre el tapizado asi ento i nterior que haba al pi e de la ventana. Todo era tan total mente ri d cul o Desde cundo ella, El ena Gi l bert, hab a teni do mi edo de reuni rse con gente? Desde cundo la haba asustado nada? Se puso en pi e y, l l ena de enfado, i ntrodujo l os brazos en un qui mono de seda roja. Ni si qui era ech una ojeada al trabajado espejo Vi ctoriano sobre el tocador de madera de cerezo; saba lo que vera.

El ena Gi l bert, rubia, esbel ta y fantsti ca, la que marcaba tendencias, la al umna de l ti mo curso de secundar a, la chi ca que todos los chi cos deseaban y que todas las chi cas queran ser. La chi ca que justo en aquel l os momentos mostraba una cara de pocos amigos y ten a los labi os apretados. Un bao cal i ente y un poco de caf y me tranqui l izar, pens. El ri tual matuti no de darse un bao y vesti rse result relajante y se l o tom con parsi monia, revi sando l os nuevos conjuntos tra dos de Par s.

Fi nal mente el igi una combi naci n de un top rojo y unos shorts bl ancos de l i no que l e daban un aspecto muy atractivo. Bastante apetitosa, pens, y el espejo mostr una muchacha con una sonri sa i nescrutabl e. Sus anteri ores temores se haban desvaneci do, olvi dados. El ena? Dnde ests? Ll egars tarde al i nstituto! La voz ascendi dbil mente desde abajo. El ena volvi a pasar el cepil l o por su mel ena sedosa y la sujet atrs con una ci nta de un rojo i ntenso. Luego cogi su mochila y descendi la escal era.

En la coci na, Margaret, de cuatro aos, com a cereal es sentada a la mesa, y ta Judith coci naba al go en los fogones. Ta Judi th era la clase de mujer que si empre L L. El ena l e dio un beso en la mejil la. Buenos das a todo el mundo! Lamento no tener ti empo para desayunar.

Pero, El ena, no puedes sal i r as si n comer. Necesi tas tus prote nas Comer una rosquil l a antes del i nsti tuto respondi ell a con vivacidad. Deposi t un beso en la rubia cabeza de Margaret y dio la vuelta para marcharse.

Pero, El ena Y probabl emente i r a casa de Bonni e o Meredith despus de clase, de modo que no me esperi s para cenar. Adi s! El ena El ena estaba ya en la puerta pri nci pal. La cerr tras ella, cortando las di stantes protestas de ta Judith, y sal i al porche delantero. Y se detuvo. Todas l as malas sensaciones de la maana volvi eron a abalanzarse sobre el l a. La ansi edad, el miedo. Y la certeza de que al go terri bl e estaba a punto de ocurri r.

La call e Mapl e estaba desi erta. Las al tas casas vi ctori anas parecan extraas y si l enciosas, como si todas estuvieran vacas por dentro, como l as casas de un pl at abandonado. Parecan vacas de gente, pero llenas de extraas cosas vi gil antes. Eso era: al go la vi gilaba.

El ci el o sobre su cabeza no era azul , si no lechoso y opaco, como un cuenco gi gante vuelto boca abajo. El aire era sofocante, y El ena tuvo l a seguri dad de que haba ojos observndola. Vi o al go oscuro en l as ramas del vi ejo membril lo que haba frente a la casa. Era un cuervo, tan i nmvi l como las hojas tei das de amaril l o de su alrededor. Y era l a cosa que la observaba. I ntent deci rse que era ri d culo, pero en ci erto modo lo saba.

Era el cuervo ms grande que haba vi sto nunca, gordo y bril lante, con arcos i ri s centel l eando en sus pl umas negras. Poda ver cada detal l e con cl ari dad: las vidas garras oscuras, el afi lado pi co, el i ndividual y centell eante ojo negro.

Estaba tan qui eto que podr a haber si do un model o en cera de un ave colocado all. Pero mi entras lo contemplaba fi jamente, El ena se si nti enrojecer poco a poco, el cal or ascendi endo en ol eadas por la garganta y las meji llas.

La mi raba del modo con que l os chi cos la mi raban cuando l l evaba un baador o una bl usa muy fi na. Como si la desvi sti era con los ojos. Antes de darse cuenta de lo que haca, ya haba sol tado la mochila y cogi do una pi edra de la entrada. Con la lti ma palabra, arroj la pi edra. Hubo una expl osin de hojas, pero el cuervo remont el vuelo i ndemne. Las alas eran enormes y hacan tanto rui do como toda una bandada de cuervos. El ena se acucl i l l, repenti namente presa del pni co, cuando el ave alete justo por enci ma de su cabeza, al borotando sus cabel los rubios con el vi ento produci do por las alas.

Pero volvi a alzarse abruptamente y descri bi un c rcul o, una sil ueta negra recortada en el ci el o bl anco como el papel. Luego, con un grazni do ronco, gi r y se march en direccin al bosque. El ena se i rgui despaci o, l uego mir en derredor, cohi bida.

No poda creer lo que acababa de hacer. Pero ahora que el pjaro se haba i do, el ci elo volva a parecer normal.

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