LOS VIGILANTES DE DIAMELA ELTIT PDF

In , she began a career as Spanish and literature teacher at high school level in several public schools in Santiago, such as the Instituto Nacional and the Liceo Carmela Carvajal. During the last thirty years, Eltit has lectured and participated in conferences, seminars and literature events throughout the world, in Europe, Africa, North and Latin America. Through her career several hundreds of Latin American young writers have participated as students at her highly appreciated literature workshops. In , after the military coup, Eltit decided to stay in Chile. During several periods she has been representative of the Council of Chilean Universities to the Book National Council, where policies with regard to book publishing and reading practices are defined and promoted.

Author:Mikasar Fektilar
Country:Cayman Islands
Language:English (Spanish)
Genre:Love
Published (Last):13 January 2013
Pages:336
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ISBN:956-1-18527-382-4
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Ahora es demasiado tarde. No lo hiciste. Eso es todo. Piensa que permanezco a la espera del gesto que corrija el conjunto de mis inquietudes. No comprendo si me amenazas o te burlas. Es como si las distintas oscuridades se protegieran al interior de la siguiente y, a la vez, intentaran separarse. Se trata de una noche abrumadora e indecisa. En realidad, ahora comprendo que tu carta fue escrita por el solo placer de provocar mis iras. Tu hijo se despierta con la luz y me persigue con sus juegos y sus inminentes carcajadas.

Ah, no entiendes lo que significa habitar con sus desconcertantes carcajadas. A lo largo de estas horas, me he sentido disminuida, atacada por un cansancio verdaderamente perturbador. Mi vecina me vigila y vigila a tu hijo. Es una mujer absurda cuyo rencor la ha sobrepasado para quedar librada a la fuerza de su envidia.

Me enfrento entonces a sus ojos que me siguen descaradamente desde su ventana, con un matiz de malicia en el que puedo adivinar los peores pensamientos. Sabes pues que soy vigilada por mi propia vecina. El que tu hijo no asista a la escuela no augura que habitemos de una manera indecorosa. Permanecemos, nos quedamos por tu voluntad en una ciudad que enloquece de manera progresiva. Mi vecina me vigila y vigila a tu hijo y cuando anochece puedo escuchar su llanto desesperado.

Tu hijo lo esquiva ejecutando sus juegos y lo soslaya con el fragor de sus estruendosas carcajadas. Deja pues de abrumarme con argumentos que no tienen el menor asidero. Tu hijo fue expulsado de la escuela por su comportamiento y debemos permanecer reducidos en la casa. Su pupila, siempre agazapada, no deja de mostrar una furia incomprensible hacia nosotros. La vigilancia ahora se extiende y cerca de la ciudad. Ellos han iniciado actividades que carecen de todo fundamento como no sea dotarse de un ejercicio que les permita desentorpecer sus ateridos miembros.

Una mujer que miente, impulsada por un creciente delirio. Tu hijo se mueve entre esta inaceptable temperatura con una actividad que me sorprende.

Atraviesa la casa a una gran velocidad y, en ocasiones, se golpea contra las paredes. Sus golpes, sin embargo, no me alarman. Pero, a pesar de estos inconvenientes, tu hijo y yo gozamos, durante ciertas horas, de una extraordinaria paz. Este atardecer se presenta plagado de signos que amenazan. Debo buscar una cinta de colores para rodear su cintura. Tu hijo no duerme en esta noche y juega de una manera veloz, escenificando a un espacio sitiado que no le permite ya ninguna salida.

Ah, si hubiera alguien con quien compartir nuestros ojos abiertos, desvelados, enrojecidos. Se nos han terminado ya todas nuestras provisiones y debo salir, en cuanto empiece a amanecer, hacia las calles en busca de alimentos. Dices que un vecino te ha informado que han desaparecido algunos objetos de mi casa. Mis vecinos se acicalan pues, gracias a tu inalterable displicencia.

Sin embargo, tu hijo tiene a su favor recursos divinos. Sus actos universales radican en su propio cuerpo y los ejecuta con la versatilidad de una pieza de baile creada para figuras condenadas. Debo cuidar de que tu hijo no estropee con sus carcajadas las leyes que penosamente nos amparan. Como vez estoy expuesta al cerco de un hombre baldado. Te pido que entiendas de una vez que te escribo derrumbada. Tengo que poner mi cuerpo en condiciones para sortear la helada de la calle.

Este invierno se extiende y se extiende, contraviniendo su particular naturaleza, desafiando abiertamente a las otras estaciones. Tu hijo no puede volver a la escuela por ahora. Te suplico que no vuelvas a insistir en su palidez. Te has dedicado a unir cuestiones totalmente distintas. Aduce lo que quieras ante la nueva escuela, hasta que me sienta en condiciones de enfrentar con serenidad esa nueva etapa con tu hijo. Afuera ha estallado una impresionante tormenta. Asisto a una escena dotada de una soberbia que puede resultar letal, un espacio ilimitado en el que se debaten pasiones insolubles.

Estoy fatigada y plena de desconcierto observando esta tormenta. Ya es bastante el peso que debemos sobrellevar por la audaz vigilancia que han adoptado mis vecinos. No te hagas parte de un orden de Occidente que puede terminar en un fracaso irrebatible. Tu insistencia se transforma en una feroz arma que usas una y otra vez para atacarme. Parece que hubieras salido de ninguna parte cuando decides ignorar el modo en el que habita una familia.

El verdadero conflicto que afrontamos descansa en los vecinos y en el conjunto de sus intolerancias. Este trastorno es imputable del todo a los vecinos. Siento que los vecinos quieren representar una obra teatral en la cual el rol del enemigo es adjudicado a los habitantes que no se someten a la extrema rigidez de sus ordenanzas.

Los vecinos sostienen que la ciudad necesita de una ayuda urgente para poner en orden la iniquidad que la recorre. Por eso van de casa en casa transmitiendo leyes que carecen de sentido. Nuevas leyes que buscan provocar la mirada amorosa del otro lado de Occidente.

Tu hijo pasa ahora por lo que considero que es su mejor momento. Tu madre ha venido hoy a visitarnos como tu emisaria. La bruma hoy fue favorable para soportar el inquisitivo rostro de tu madre. El tiene un extraordinario sentido para encontrar entre la penumbra todo tipo de objetos. La penumbra nos trae la escasa felicidad con la que contamos. Te has encargado de sembrar en tu madre un gran prejuicio hacia nosotros.

Es inconcebible la manera en que utilizas a tu madre para que invoque el nombre del amor por tu hijo con sus ojos clavados en el cielo. Te suplico que intercedas y me salves. Es necesario evitar llegar a ese desatinado juicio que se apresta a iniciar tu madre. Comprendo el esfuerzo que ella ha realizado al cruzar de extremo a extremo la ciudad para encontrar, al final de su camino, nuestra casa cerrada.

Yo fui la testigo de su juego y la vi emerger como la triunfadora al cabo de una agotadora apuesta. Pero no puedo aceptar la oferta que nos hace. La causa que me anuncia la he ganado de antemano porque tu madre es una mujer enferma.

Pero te confieso que me aterra presentarme ante los jueces, no pueden hacerme pasar por ese vejamen otra vez.

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Los Vigilantes de Diamela Eltit: la subjetividad deteriorada, una alegoría de postdictadura

Eltit ha sido candidata al Premio Nacional de Literatura de Chile. Sin embargo, piensa y parece tener un juego inteligente con sus vasijas, es consciente de lo que hace su madre, y de los efectos que su comportamiento produce en ella y, anote usted, les captael pensamiento a ambos padres. El clima en que se desarrolla la mayor parte de la novela es muy opresivo, fundamentalmente un invierno despiadado con extrema carencia de alimentos. Lo subversivo viene de no atenerse a todas las reglas impuestas por esa sociedad; como cuando, por ejemplo, recibe en su casa a los llamados desamparados, habitantes callejeros moribundos para evitarles la muerte. La mujer se siente asediada. Interprete usted. He tenido que recurrir a lecturas complementarias y a comentarios de la propia autora para descifrar los enigmas contenidos en este libro, y he podido concluir lo siguiente.

11 MINUTA PAULO KOELJO CELA KNJIGA PDF

Diamela Eltit

Aun cuando el padre gana el caso, comprobamos que las relaciones entre el que detenta el poder y el subalterno no son unidireccionales La narrativa de Diamela Eltit ocupa un lugar preeminente en el panorama literario chileno e hispanoamericano actual. La novela gira en torno al conflicto de una familia inmersa en un contexto social que se caracteriza por un asedio constante. Su estilo es seguro y desafiante. Pero si bien la madre comienza muy segura, el padre poco a poco socava esa seguridad refutando sus razonamientos, convirtiendo sus acciones en motivo de sospecha, e incrementado el asedio.

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